martes, 24 de abril de 2012

Relato del adios.

Nuestras miradas se fundían, no había espacio ya para las explicaciones. Habiamos terminado. Aún así el uno buscaba en el otro el porque de los desagravios habidos.

Entoncés me levanté y me dirijí a la barra del bar. Elevé mi cabeza por encima del ombro y le pregunté.

- lo de siempre.
- lo de nunca más -respondió ella con desaire.

Su mirada inquisidora reflejaba que el final estaba en el precipicio. Recogí las bebidas y me senté con ella. Mientrás movía con parsimonia su cafe, su mirada se perdía en mis torpes manos desaciendo los sobres de azúcar.

Entoncés levantó su mirada y clavó sus ojos en los míos. No quería preguntar, quizás ya lo habíamos hablado todo, o quizás ya no quería saber nada.

Fue cuando de su boca salió un suspiro, que me puso alerta ante la posibilidad de reconducir la situación. Entoncés al darse cuenta de mi actitud de alerta, dijo entre susurros.

- Ni te molestes.

La seguí observando, aunque había recogido el guante, y mi actitud fue reintegrándose al estado inicial. Entoncés sin querer, una risa traslúcida salió de mi, a lo cual ella se puso alerta. Pensé que iba a reprimirme, pero en el punto de la relación que estabamos, poco importaba ya.

- ¿De que te ríes?- me preguntó, sin ningún reparo en su pregunta.

- De los momentos vividos, respondí.

Su sonrisa se fundió con la mia, como a la vez que sus ojos se reflejaron en los mios. 

La noche término apacible, recordando los momentos vividos.

Hoy, no pasa un soló dia sin que me acuerde de ella. Según me contaron se casó a los pocos años. Hoy día, será una madre ejemplar. Por que para mi no fue nada más que eso......un mujer ejemplar, digna de ser amada.